Terruño, palabra mágica


En los últimos años hubo un concepto que fue cobrando cada vez más relevancia en el mapa vitivinícola del nuevo mundo: el terruño.

Inseparablemente ligado a la personalidad de los vinos, se llama terroir en Francia a la conjunción que se da entre el clima, el suelo, la situación geográfica, la variedad de la uva, y la intervención del viticultor en un sitio determinado; los cinco elementos fundamentales que conforman este concepto clave para entender el carácter de un vino.

El terruño alude a la unicidad que significa la interacción de una cepa que desarrolla sus frutos con las singularidades climáticas de una zona determinada, con una topografía y suelos determinados, y con ciertas prácticas agronómicas culturales ancestrales que hacen que ese vino sea imposible de repetir en cualquier otro sitio.

Los factores que conforman el terruño y determinan la calidad y el carácter de los tintos, blancos y espumantes son:

1. El suelo

La vid crece y se alimenta con distintos nutrientes del suelo, que según su composición dará frutos diferentes. Los suelos ideales para el desarrollo de los viñedos son los llamados “pobres”, con poca fertilidad, escasa materia orgánica y buen drenaje de agua.